domingo, 22 de julio de 2012

BALTHUS Y EL EROTISMO MÍTICO RELIGIOSO

Por: Juan Carlos Alegria Montaño
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“Las niñas para mi son sencillamente ángeles y en tal sentido su inocente impudor propio de la infancia. Lo morboso se encuentra en otro lado”.[1]

“Esta idea de amaestrar el tiempo, de aclimatarlo, la entiendo con la perspectiva de darle un sentido. Llegar, gracias a este tiempo dado al lienzo, a la posible revelación, tener esperanza de alcanzarla. Con esa actitud. Con esa disposición. Mi obra se hace, siempre se ha hecho bajo el signo de lo espiritual.”[2]





El conde Balthasar Klossowski de Rola, a logrado plasmar en su obra pictórica tal como ya a sido descritos por muchos, “el erotismo mítico religioso y primitivo” de occidente, la filosofía perversa de Nietzsche y sus predecesores: Bataille, Mallarme, Bertoni, Deleuze o su propio hermano Pierre Klossowski, ha sido transformada en enflaquecidas y sonámbulas doncellas cuasi desnudas que son flageladas o se autoflagelan de placer, exhibiendo sus cuerpos imberbes en el espacio de la cotidianidad, en el cuarto de duchas, en una habitación o en la sala de música. Así, Balthus con unos cuantos pincelazos logro anular ese conjunto de prohibiciones y tabús que han definido la cultura occidental en las últimas dos centurias: el exhibicionismo, molicie, el lesbianismo, el sadismo, el masoquismo… El señor de los gatos como se le conoció, de origen polaco, amado por muchos, criticado por otros, representó las acciones mas eróticas y a la ves mas habituales de la existencia: «Muchacha peinándose en la ventana» (1957), «El cuarto» (1952) que inspiraría la novela de Peirre La calle (1954), y el film Hurlevent (1985) de Jacques Rivette,[3] y por supuesto “La lección de guitarra” (1934), obra que desde su primera exposición en la Galería Pierre en París, causo escandalo por su combinación de escenas lésbica y sadomasoquista, rechazada casi cuatro décadas después en 1983 por Moma, director del Museo de Arte Moderno de Nueva York, y a la que además se le atribuye el divorcio del artista de su primera esposa Antoinette de Viatteville en 1937, representaba la escena de dos chicas, la maestra de música y su estudiante, la primera jalona con su mano derecha los cabellos de la adolecente y con la otra mano acaricia su pubis al descubierto, mientras que la segunda extendida complacientemente sobre las piernas de su tutora formando una especie de instrumento musical, trata infructuosamente de reaccionar jalonando la camisa de la maestra y dejando entrever uno de sus pezones.

 "La clase de música" (1934)                                                      "Cat with mirror"

En este sentido la obra de Balthus no solo es excepcionalmente magnifica por romper con los cánones tradicionales de nuestra época, sino por ser en si una contradicción a los críticos de la cultura. Venerado por los surrealista y grandes poetas como Paul Élvard, René Char, Antonin Artaud, Albert Camus, George Bataille y nuestro cercano Octavio Paz, paradójicamente logro mantenerse por fuera del circuito vicioso y comercial que sedujo a un Picasso, a Matisse o al mismo Dalí “con su inspiración floral” y sus bodegones tal como este mismo lo aseveró en su diario.[4] Balthus descrito por Federico Fellini como “un señor del Renacimiento y un príncipe de Transilvania” es el vampiro de la pintura contemporánea, no solo por haber logrado pasar de la dificultad de lo objetivo a lo subjetivo, como en la obra de Antonini en el que el eros enfermo de Marx o la critica a la moral nietzscheana  y sus métodos sintomatológicos y atemporales capitalistas se han transformado en imágenes efectos, anímicas, rostros el primer y segundo plano, cuerpos que posan al sentirse observados. Sino además porque el pintor identificó lo habitual con lo espectacular, ubicándose en la circunstancia límite, en la banalidad de lo cotidiano: sus fantasías juveniles, sus recuerdos de la infancia, su erotismo sin artificios. Ciertamente Balthus es a la pintura, lo que Rossellini o Hitchcock al séptimo arte. Sus personajes se han transformado en especie de espectadores, pues ya no sabemos si nosotros les observamos o son ellos los que nos observan atreves del espejo o la ventana.

"Passage du Commerce Saint-André"
Su tratamiento diurno, su sonambulismo expresionista,  las largas piernas y brazos de sus chicas, las mirada perdidas, los rostros familiares y repetitivos, los pliegos en los vestidos, la imagen pictórica no esta inmóvil, ha logrado desligarse del marco y ha conseguido restablecer de ipso facto los fragmentos freudianos,  su pensamiento es pues una clara oposición al expresionismo y al surrealismo sexual, a la represión y al inconsciente, al pensamiento nocturno, que han sido desplazados por la luz, por el tratamiento diurno de su obra, por la música dionisiaca y la imagen pictórica que ha dejado de estar inmóvil, pues la verdadera movilidad ha de encontrarse en la mente. Pero además Balthus no solo logro escapar de los falos, los coitos, la sodomización y los ritos perversos para mostrar la esencia de lo erótico, sino que además se antepuso  a la imagen ligada a la política, a la propaganda del Estado Nacional, al fascismo o al comunismo, al capitalismo mental e impersonal, a la propaganda del estado autómata propio de los grandes artistas del siglo XX. Cuando Camus le describió como un artista que no estaba interesado en el crimen sino  en la pureza,[5] lo hacia debido al amor de Balthus por lo erótico sagrado, por los sueños primarios, por los paisajes del lejano oriente, que lograron crear una nueva poesía de los sentidos, al estilo de Artaud y Shakespeare, como un psicólogo puesto no al lado del poder, sino del arte por el arte, de la vida.
Los artistas son de alguna manera etnógrafos de su propio pueblo, y Balthus no ha sido la excepción, “Nadie piensa en que es realmente la pintura [nos dice el artista] un oficio, como el de cavar la tierra, el de labrador, es como hacer un hoyo en la tierra”.[6] Como en el film The Truman Show (1998) de Peter Weir[7] protagonizado por  Jim Carrey y su apología domestica del aburrimiento cotidiano y nauseabundo de la clase media norteamericana estructurada a partir de los mass medios. “Nos hemos aburrido de autores que nos dan emociones falsas, nos hemos cansado de la pirotecnia y de los efectos especiales abstractos”, Balthus ha regresado a la simpleza, al manierismo del siglo XVI, a la lírica tan admirada por este en Rene Char y las confecciones de Rousseau, al erotismo frío y el idealismo, a la belleza pura, como en la literatura de Lewis Caroll, Navokov o Lyman Frank Baum.


Time suspended. Paintings and drawings, 1932-1960
"Muchacha y gato"
"Nu au miroir"
The game of patience

"Costumbres borracosas"




The beautiful days (1945-6)










The mediterranee Cat



[1] Balthus. Memorias. La voz de un genio de la pintura. Edición de Alain Vircondelet. Ed. Lumen. Barcelona, 2002.
[2] Ibíd., p. 21.
[3] Francia, 1985.
[4] Dalí, Salvador. Diario de un genio. Ed. TusQuets. España, 1989
[5] Op.Cit. Balthus., 34.
[6] Ibíd.
[7] USA, 1998.