domingo, 4 de septiembre de 2011

LA TIERRA DE TOMY & DALY (Itchy and Scratchy show)

El show de Tomy y Daly :
fábricas de miedos   y fantasías
(Parte de: LA SOCIEDAD AL DESNUDO: “Análisis sociológico y antropológico de la sociedad occidental a través de los Simpson´s”  Juan Carlos Alegria Montaño & Manuel Fernando Arce Bejarano, Cali, 2004) (Imagenes: MacGroning. LOS SIMPSON´S; Maliory Noxi (Asesinos natos. Oliver Stone. Usa, 1994); Piolin y silvestre (Waner Bros); Tom y Jerry (Metro Goldwyn Meyer) 

Tomy está feliz pues es su cumpleaños y su fiel compañero el pequeño y servicial Daly quiere festejar este acontecimiento como jamás alguien se pudiera imaginar, quiere convertir al gato cumpleañero en un banquete súper – explosivo de jolgorio, sangre y despilfarro y no es ninguna metáfora, pues el ratoncito habido del característico puritanismo y humor norteamericano le prepara un dulce y suculento pastel de frutas, relleno de TNT y mecha corta que envían al gato Tomy al ultramundo. Escenas como estas hacen parte del itinerario no sólo del show de dibujos animados más popular de la televisión de Springfield,[1] sino de la programación diaria de cualquier canal infantil del hemisferio.
Dos cosas llaman poderosamente la atención cada vez que se emite el show de Tomy y Daly, la primera, la incontrolable risa de Lisa y Bart o cualquier tele – espectador que aprecie las masacres y los ríos de sangre que ensucian al otro lado de la pantalla las entrañas de Daly fruto de las infantiles travesuras de esta criatura de tan solo unos centímetros, y cabe preguntarse ¿Cuál es la razón de sus carcajadas? Y la segunda cosa que llama la atención es el público para quien va dirigido, pues se supone que es un programa infantil.
La señora Marge Simpson
en su campaña contra
Itchy and Scratchy Show

Y entonces nos preguntamos, ¿Por qué de la risa hasta ya no poder de Bart y Lisa? ¿Será acaso por la originalidad del show, por la espectacularidad y coloridas tripas del infantil gato desparramadas episodio tras episodio? Dicho espectáculo se repiten una y otra vez, sólo cambia en escenario, a veces están en una granja, otras en la playa o en un bosque y los instrumentos de tortura y aniquilación: ganzúas, sierras eléctricas, hornos, cañones, escopetas, lanza llamas, misiles, martillos, cuchillos; pero en resumen siempre son los mismos argumentos, el inocente gato sin motivo alguno es capitulo tras capitulo masacrado por el perverso ratón. Hay algo que aún no hemos dicho “el show de Tomy y Daly” está protagonizado por Daly un pequeño ratón que occidente lo relaciona con una figura inofensiva por su naturaleza tímida y por Tomy un gato que además presenta la ventaja o desventaja de ser negro, cazador que después de capturar a sus presas se deleita jugando con sus cuerpos, le destroza con sus filosos dientes; en ese cúmulo de imágenes que el fantástico mundo occidental a recogido, este aparece como un “spiritus familiaris”, como un ayudante de las brujas, relacionado con la crueldad y la lujuria, es decir el programa de “Tomy y Daly” retoma esa vieja dualidad del mito, de la lucha eterna entre el bien y el mal; hay que advertir que este show así descrito tiene poco de original, pues la televisión infantil está inundada de programas con montajes similares o recordemos a los inmemorables Tom y Jerry[2] Metro-Goldwyn-Meyer y ni hablar de la Warner Broder: Piolín y Silvestre, Correcaminos, Speedy González. Historias de persecuciones frustradas, donde finalmente el bien vence al mal, los débiles se imponen al final; la maldad es representada por gatos negros, coyotes, lobos, símbolos medievales de los bajos mundos de Belcebú, retomados en el siglo XIX por Hans Christian Andersen, Charles Perrault y los hermanos Grimm en sus cuentos infantiles, historias además que retoman una vez más los dos viejos temas de prohibición: sexo y alimento; discurso por ende si se quiere antinatural ¿Pues acaso no es natural que un gato persiga y se alimente de un ratón? Acción que occidente señala al contraponer la cultura al instinto.
  

¿Pero por qué Bart y Lisa ríen sin parar? El show de “Tomy y Daly” reinventa el mito, repliega los dos temas de prohibición (sexo y alimento) sobre si, liberándolos de su contenido moral, Lisa y Bart no ríen del sanguinario espectáculo, ellos ríen de occidente, pues el malvado gato no es tal por el contrario es dulce y bondadoso, vive en un universo onírico de flores y nubes multicolores como blanca nieves, tan dulce e ingenuo como ella, que ignora las maldades y confía en todos y como canta el brasileño Roberto Carlos solo quiere un millón de amigos; por el contrario Daly nada tiene en común con Jerry (el de “Tom y Jerry Show”) es mejor una copia al estilo de Jack el destripador, Mickey y Maliory Noxi, J. B. Grenoville, Freddy Krueger, Norman Bernard o cualquiera de los psicolkiller del espectáculo o de la realidad creado por el imaginario occidental. Es decir que el show no es más que un juego continuo entre el bien y el mal, donde el gato y el ratón invierten la dualidad y lo que occidente considera bueno, estos lo muestran como malo y viceversa, y una y otra vez nos preguntan con sus acciones ¿quiénes son los buenos y quienes los malos? Si lo que para ustedes es maldad para nosotros bondad, ¿quién es el monstruo biológico?, ¿los otros o nosotros que los inventamos?

Mitos del tabú y el tótem, bases por demás del discurso del psicoanálisis y la etnografía y que en el show del gato y el ratón toman otro color, pues Tomy – el gato no desea comerse al ratón (práctica contra – natural, degeneración biológica), por el contrario desea ser su amigo y más aún desea casarse con el ratón, pues Tomy a veces es macho a veces es hembra (mixtura de dos géneros: hermafrodita y de dos especies: copula de un ratón y un gato), el gato en vez de perseguir y devorar al ratón, suple su necesidad alimenticia sobre sí mismo (autocanivalismo) donde Daly le prepara un suculento trozo de carne asada a Tomy extraído del propio estomago del gato, es decir el gato se come así mismo regenerándose y muriendo una y otra vez (mixtura de la vida y la muerte), juego sarcástico de una civilización anclada en los mitos y fantasías.

En síntesis la programación de educación infantil copia y recrean las viejas obsesiones occidentales (sexo y alimento) que la sociedad revolucionaria incorporaría a sus medios de control y exclusión, a su señalamiento de los otros, los anormales, discurso por ende racista que el Show de Tomy y Daly arremete, no solo al invertir los papeles de los buenos y los malos, sino además al desnudar el poder, llevando todos los temas de prohibición hasta sus extremos: violencia desmedida, describiendo hasta donde es capaz la crueldad humana; desnudez, pues el gato Tomy no sólo está sin ropa, sino que además Daly lo despelleja mostrándonos sus viseras, entrañas y huesos; sexo sin control, al casarse un gato con un ratón; en otras palabras el show no es otra cosa que un revitalizador de la sociedad que desconoce el mundo del deseo burgués y nos remite nuevamente a la sociedad medieval, a los placeres innatos, al sexo y comelona desmedida, al placer de torturar y de matar donde Daly es aniquilado, cercenado o mutilado en cada episodio y al siguiente reaparece con la misma juventud y alegría, pues la muerte sólo es el primer paso para la vida.[3]


[1] Como el héroe hechicero de Disney “Tomy y Daly” o Raca y Pica sería resultado del plagio de Mr. Roge Meyer al dibujante Chester J. Lampwick en 1919. “El día que murió la violencia”. Temporada No 7, episodio No. 146.
[2] De los mismos creadores del Oso Barney: Hanna-Barbera. La serie nació en 1940 como “Puss gets the Boox”, que contaba la historia de un gato gris llamado Jasper y un ratón sin nombre; de allì subiria al estrellato con más de 150 cortos para cine, siete premios Oscar, seis nominaciones en cuatro años കന്സേസുടിവോസ്. 
[3] Leer Bajtin Mijail, La cultura popular en la edad media y renacimiento en el contexto de Francois Rebeláis. Ed. Alianza. Madrid, 1998.