Por: Juan Carlos Alegria Montaño
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“Las
niñas para mi son sencillamente ángeles y en tal sentido su inocente impudor
propio de la infancia. Lo morboso se encuentra en otro lado”.[1]
“Esta
idea de amaestrar el tiempo, de aclimatarlo, la entiendo con la perspectiva de
darle un sentido. Llegar, gracias a este tiempo dado al lienzo, a la posible
revelación, tener esperanza de alcanzarla. Con esa actitud. Con esa
disposición. Mi obra se hace, siempre se ha hecho bajo el signo de lo
espiritual.”[2]

En este sentido la obra de Balthus
no solo es excepcionalmente magnifica por romper con los cánones tradicionales
de nuestra época, sino por ser en si una contradicción a los críticos de la
cultura. Venerado por los surrealista y grandes poetas como Paul Élvard, René
Char, Antonin Artaud, Albert Camus, George Bataille y nuestro cercano Octavio
Paz, paradójicamente logro mantenerse por fuera del circuito vicioso y
comercial que sedujo a un Picasso, a Matisse o al mismo Dalí “con su
inspiración floral” y sus bodegones tal como este mismo lo aseveró en su
diario.[4] Balthus descrito por
Federico Fellini como “un señor del Renacimiento y un príncipe de Transilvania”
es el vampiro de la pintura contemporánea, no solo por haber logrado pasar de
la dificultad de lo objetivo a lo subjetivo, como en la obra de Antonini en el
que el eros enfermo de Marx o la critica a la moral nietzscheana y sus métodos sintomatológicos y atemporales capitalistas
se han transformado en imágenes efectos, anímicas, rostros el primer y segundo
plano, cuerpos que posan al sentirse observados. Sino además porque el pintor identificó
lo habitual con lo espectacular, ubicándose en la circunstancia límite, en la
banalidad de lo cotidiano: sus fantasías juveniles, sus recuerdos de la
infancia, su erotismo sin artificios. Ciertamente Balthus es a la pintura, lo
que Rossellini o Hitchcock al séptimo arte. Sus personajes se han transformado
en especie de espectadores, pues ya no sabemos si nosotros les observamos o son
ellos los que nos observan atreves del espejo o la ventana.
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"Passage du Commerce Saint-André" |
Su tratamiento diurno, su
sonambulismo expresionista, las largas
piernas y brazos de sus chicas, las mirada perdidas, los rostros familiares y repetitivos, los pliegos en los
vestidos, la imagen pictórica no esta inmóvil, ha logrado desligarse del marco
y ha conseguido restablecer de ipso facto los fragmentos freudianos, su pensamiento es pues una clara oposición al expresionismo
y al surrealismo sexual, a la represión y al inconsciente, al pensamiento
nocturno, que han sido desplazados por la luz, por el tratamiento diurno de su
obra, por la música dionisiaca y la imagen pictórica que ha dejado de estar
inmóvil, pues la verdadera movilidad ha de encontrarse en la mente. Pero además
Balthus no solo logro escapar de los falos, los coitos, la sodomización y los
ritos perversos para mostrar la esencia de lo erótico, sino que además se
antepuso a la imagen ligada a la
política, a la propaganda del Estado Nacional, al fascismo o al comunismo, al
capitalismo mental e impersonal, a la propaganda del estado autómata propio de
los grandes artistas del siglo XX. Cuando Camus le describió como un artista
que no estaba interesado en el crimen sino
en la pureza,[5] lo hacia debido al amor de
Balthus por lo erótico sagrado, por los sueños primarios, por los paisajes del
lejano oriente, que lograron crear una nueva poesía de los sentidos, al estilo
de Artaud y Shakespeare, como un psicólogo puesto no al lado del poder, sino
del arte por el arte, de la vida.
Los artistas son de alguna manera
etnógrafos de su propio pueblo, y Balthus no ha sido la excepción, “Nadie
piensa en que es realmente la pintura [nos dice el artista] un oficio, como el
de cavar la tierra, el de labrador, es como hacer un hoyo en la tierra”.[6] Como en el film The Truman Show (1998) de Peter Weir[7] protagonizado
por Jim Carrey y
su apología domestica del aburrimiento cotidiano y nauseabundo de la clase
media norteamericana estructurada a partir de los mass medios. “Nos hemos
aburrido de autores que nos dan emociones falsas, nos hemos cansado de la
pirotecnia y de los efectos especiales abstractos”, Balthus ha regresado a la simpleza,
al manierismo del siglo XVI, a la lírica tan admirada por este en Rene Char y
las confecciones de Rousseau, al
erotismo frío y el idealismo, a la belleza pura, como en la literatura de Lewis
Caroll, Navokov o Lyman Frank Baum.
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Time suspended. Paintings and drawings, 1932-1960
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"Muchacha y gato" |
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"Nu au miroir" |
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The game of patience |
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"Costumbres borracosas" |

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The beautiful days (1945-6) |

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The mediterranee Cat |